Miguel Ángel López Varas es profesor asociado del Instituto de Estudios Internacionales de la Universidad de Chile, periodista de la Universidad Católica de Chile y Magíster (MA) y Doctor (Ph.D) en Ciencia Política de la Universidad de Essex en Inglaterra. Sus áreas de interés son comunicación política, conducta electoral, opinión pública y metodología cuantitativa. 

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Nicolás Miranda Olivares es profesor ayudante en la Universidad de Salamanca. Doctor en Ciencias Políticas, Máster en Estudios Latinoamericanos (Universidad de Salamanca) y Magíster en Ciencia Política (Universidad de Chile). Sus líneas de investigación son elecciones, partidos políticos, posicionamiento programático y análisis de textos políticos.

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Chile amaneció este lunes frente a un nuevo escenario binario, uno que revive la clásica confrontación ideológica pero bajo reglas del juego completamente nuevas. Tras una intensa jornada electoral el pasado domingo 16 de noviembre, la carrera presidencial se ha estrechado a dos nombres: Jeannette Jara, la carta de la coalición oficialista de izquierda, y José Antonio Kast, el líder del Partido Republicano. Sin embargo, más allá de las banderas rojas o los estandartes republicanos, el destino de la banda presidencial parece estar, paradójicamente, en manos de quienes no se sienten representados por ninguno de los dos extremos: el electorado de Franco Parisi.

Antes de sumergirnos en los números, es imperativo hacer una advertencia metodológica. Las estimaciones y proyecciones que presentamos se basan en posiciones declaradas antes de la primera vuelta. La política es dinámica; la “foto” de octubre puede haber cambiado tras conocerse los resultados del domingo 16 de noviembre y, sobre todo, dependerá de las interacciones —positivas o negativas— que ocurran durante estas semanas de campaña de segunda vuelta. 

 

La consolidación de la derecha y la incógnita del centro

La inmediatez con la que figuras clave de la derecha, como Evelyn Matthei (UDI) y Johannes Kaiser (independiente-libertario), entregaron su respaldo explícito a José Antonio Kast, sugiere un intento de defender el sector y evitar fugas hacia el voto nulo. Y es aquí donde entra el “factor Parisi”. Con un sorprendente desempeño cercano al 20% de la votación en primera vuelta, Franco Parisi se consolida nuevamente como el “tercer hombre”, el árbitro de una contienda polarizada.

En una simulación de transferencia de votos realizada por nosotros en 2022 y basada en las elecciones presidenciales de 2021, observamos un fenómeno particular bajo el régimen de voto voluntario. En aquel entonces, la gran mayoría de los votantes de Parisi habrían optado por la “desafección”: un 45,9% decidió abstenerse en el balotaje. Del resto, un 32,1% migró hacia Gabriel Boric y solo un 22% apoyó a José Antonio Kast.

El escenario de 2025 es radicalmente distinto debido al voto obligatorio. Esa gran masa del 45,9% que se quedó en casa en 2021, hoy está forzada a concurrir a las urnas bajo amenaza de multa. Esto elimina la abstención como válvula de escape pasiva, dejando solo dos caminos para el descontento: Elegir el “mal menor” (voto estratégico) o el voto blanco o nulo (voto de protesta).

Si la polarización entre Jara y Kast no logra seducir a este electorado —que se caracteriza por ser anti-élite, pragmático y desideologizado—, podríamos enfrentar una tasa histórica de votos nulos y blancos. Un porcentaje excesivamente alto en esta categoría no anula la elección legalmente, pero sí podría deslegitimar políticamente el mandato del futuro presidente o presidenta.

Además, al tratarse del Partido de la Gente (PDG) de una estructura caudillista y personalista, la disciplina de este voto es relativa. Si bien la intención de voto recogida antes del 16 de noviembre nos da luces, la brújula real dependerá de las señales que envíe Franco Parisi. Su capacidad de endosar votos no es absoluta, pero su narrativa contra la “casta política” (sea de izquierda o derecha) será determinante para movilizar a su base hacia una opción válida o hacia el voto nulo.

 

Radiografía inicial: Encuesta Pulso Ciudadano

Para aterrizar estas proyecciones, analizaremos los datos de la encuesta Pulso Ciudadano Electoral de Activa Research, cuyo trabajo de campo se realizó entre el 28 y 31 de octubre, justo antes de la veda legal de encuestas. El análisis visibiliza la distribución estructural de las preferencias ciudadanas antes de que el resultado en las urnas actuará como catalizador del actual reordenamiento de lealtades.

 

Al adentrarnos en el Gráfico Nº1, que proyecta la intención de voto para el balotaje basándose en las preferencias de la primera vuelta, nos encontramos de entrada con la confirmación de un escenario altamente polarizado. Los datos revelan que los votantes originales de José Antonio Kast y Jeannette Jara poseen una lealtad prácticamente blindada; cerca del 100% de ellos mantendría su opción en la segunda vuelta. No hay fugas en los núcleos duros.

En la vereda derecha, los votantes de Johannes Kaiser muestran un comportamiento disciplinado ideológicamente: un 88% se cuadraría automáticamente con Kast. El “voto protesta o de desencanto” en este segmento es marginal, con solo un 10% inclinándose por el nulo, blanco o indeciso.

Mientras que Evelyn Matthei, quien aglutinó a la derecha tradicional y a desencantados de la ex Concertación (especialmente ex Demócrata Cristianos), no transfiere sus votos con la misma fluidez. Si bien Kast es el destino mayoritario (57%), la fuga es considerable: un 27% de este grupo optaría por anular o votar en blanco, y un 16% cruzaría la vereda para apoyar a Jeannette Jara. Este dato es vital: sugiere que la retórica de Kast aún no logra permear completamente en el centro político.

 

La metamorfosis del voto parisi

Quizás el hallazgo más relevante respecto a elecciones anteriores es la mutación del votante de Franco Parisi. A diferencia de 2021, donde la abstención fue la reina, el actual escenario de voto obligatorio y la coyuntura política han empujado a este electorado hacia la derecha. Hace unas semanas, la mitad de los votantes del PDG (50%) manifestaba su intención de apoyar a Kast, mientras que un 31% se refugiaría en el voto blanco o nulo y un 20% optaría por la candidata del gobierno.

Por otro lado, en la izquierda extra oficialista, la dispersión es menor pero decidora. Los votantes de Marco Henríquez-Ominami y Harold Mayne-Nicholls cerrarían filas mayoritariamente con Jara (58% y 49% respectivamente). La excepción es el votante del profesor Eduardo Artés, quien, fiel a una postura antisistémica, optaría mayoritariamente (56%) por el voto nulo o blanco antes que apoyar a la candidata del pacto de gobierno.

 

Para comprender el margen de crecimiento real de Jara y Kast, no basta con saber quién quiere votar por ellos, sino quién nunca lo haría. El Gráfico Nº2 analiza el “antivoto” o rechazo, utilizando la primera mención de los encuestados sobre por quién jamás sufragarían.

Este indicador es un predictor potente de los “techos” electorales. Al observar los datos, la candidata oficialista enfrenta una cuesta empinada en los sectores opositores duros. Para los votantes de Kaiser, Jara es una opción prácticamente vetada: el 65% declara que jamás votaría por ella.

Más preocupante para las aspiraciones del oficialismo es el rechazo en el electorado de Parisi. En este segmento, el rechazo a Jara se eleva al 52,2%, mientras que la resistencia a votar por Kast es significativamente menor, situándose en un 9,4%. Esta asimetría en el rechazo sugiere que, en una elección forzada por el voto obligatorio, el votante del PDG tendría menos barreras emocionales e ideológicas para marcar la opción de Kast que la de Jara.

En cuanto a los votantes de centro derecha (ex votantes de Matthei), el rechazo hacia la izquierda sigue siendo la tónica dominante, con cerca de un 40,2% indicando a Jara como su principal opción de veto.

 

Cautela ante la “foto” estadística

Si bien estas cifras marcan una tendencia favorable a la oposiciónlas muestras reducidas para cada subgrupo de votantes y la fecha de recolección de datos son limitantes técnicas importantes.

Además, existen variables que la encuesta no captura en su totalidad, como el factor geográfico. Franco Parisi, por ejemplo, demostró una fuerza inusitada en las regiones del norte del país , zonas con dinámicas y prioridades muy distintas a las del centro y sur. La capacidad de Jara o Kast para sintonizar con las demandas específicas de seguridad y migración en el norte podría volcar estos porcentajes de rechazo y adhesión de manera sorpresiva en las semanas que restan para el balotaje.

 

Conclusiones: La trampa de la legitimidad en un escenario polarizado

Al cruzar los datos de intención de voto con los índices de rechazo, la segunda vuelta de 2025 se perfila no solo como una competencia entre dos programas de gobierno antagónicos —el de Jeannette Jara y el de José Antonio Kast—, sino como un test de estrés para la institucionalidad electoral bajo el régimen de voto obligatorio.

  1. La asimetría del “Techo” Electoral El análisis de las transferencias sugiere una ventaja aritmética inicial para el candidato republicano. La porosidad del votante del PDG hacia la derecha (menor rechazo visceral hacia Kast que hacia Jara) y el disciplinamiento del votante de Kaiser le otorgan a Kast un piso teórico más alto. Jeannette Jara enfrenta el desafío estratégico de perforar su “techo”: debe seducir a un votante de centro (ex-Matthei) y populista (Parisi) que, según la “línea base” de octubre, manifiesta una resistencia cultural e ideológica significativa hacia su sector.
  2. La incógnita geográfica y el voto “anti-élite” Sin embargo, la política no es una suma lineal. El modelo predictivo tiene un punto ciego: la dimensión territorial. Franco Parisi construyó su capital político en el norte de Chile, una zona que responde a lógicas de seguridad y migración muy específicas. Si la campaña de segunda vuelta logra nacionalizar esos temores o, por el contrario, si el oficialismo logra ofrecer garantías de estabilidad que neutralicen el discurso “anti-casta”, los flujos de votantes podrían desviarse de lo proyectado en las encuestas previas.
  3. El fantasma de la deslegitimación Con el voto obligatorio impidiendo la abstención, el descontento que antes se quedaba en casa hoy debe manifestarse en la urna. Si la polarización extrema entre Jara y Kast no logra convencer al centro pragmático, corremos el riesgo de un aumento histórico del voto nulo y blanco.

Un presidente o presidenta electo con un alto porcentaje de votos válidos, pero con un respaldo real bajo respecto al total del padrón, asumiría con una “legitimidad de origen” debilitada. En un sistema presidencialista como el chileno, iniciar un mandato con una base social frágil y un congreso fragmentado es la receta perfecta para la ingobernabilidad. Así, el verdadero ganador de la noche del balotaje dependerá de la capacidad de los candidatos para transformar el “voto por descarte” en una adhesión mínima que sostenga la gobernabilidad de los próximos cuatro años.